viernes, 9 de mayo de 2014

#AVecesOdioLaDiabetes

Esta semana he cambiado mi horario de entreno e intensidad del mismo, ya se acerca el maratón y ahora viene lo bueno, aunque los entrenadores lo hacen parecer "tranquilo" la suma de kilómetros más las clases de fuerza y técnica de carrera ya se sienten. Aunque parezca loco, me siento más motivada y con más ganas de correr, es decir, ya esta llegando ese momento en que uno necesita hacer ejercicio y se siente ansioso si no lo hace... si, ese momento en que descubres que se esta convirtiendo en un vicio, afortunadamente de los buenos.

Lo bueno de que se haga "vicio" es que la carrera se hace más fácil, justo en el momento en que tienes que correr más kilómetros, lo malo es que, cuando por algún motivo no puedes hacerlo surge una sensación de incomodidad, coraje, frustración y le pueden agregar algunas cosas más. 

Pero, ¿qué pasa si no puedes correr porque a tu diabetes no se le ocurrió estar en forma? Pues eso me ha pasado esta semana, aunque debo aceptar que no es totalmente culpa de la diabetes sino mía por no considerar algunos aspectos pero igual no puedo evitar decir #AVecesOdioLaDiabetes, porque sin la diabetes simplemente podría correr y correr dejando al páncreas preocuparse por aspectos que se me estaban pasando por alto, nada de tomar glucosas, jugar con las cifras para lograr un control antes, durante y después de la carrera. Los que no tienen diabetes ni saben lo afortunados que son al poder correr sin considerar estas situaciones o hacer todo un ritual para entrenar o correr una carrera, lo suertudos que son al no encontrarse en medio de un entrenamiento sintiendo que tu cuerpo puede correr, subir, bajar, hacer squats, burpees, pliometria peeeerooooo simplemente no tiene fuerza, es como tener un coche último modelo, súper afinando pero sin gasolina... totalmente frustrante.

Justo eso me ha pasado esta semana, hipoglucemias durante los entrenos, pero hoy descubrí la causa, lo cual me pone un poco feliz porque sabiendo la causa puedo trabajar en la solución, digo poco porque esa causa no me dejo terminar el entrenamiento, les cuento. Mañana me tocaba correr 16km en series de 1km zona 2 (ritmo suave) + 3 series de 5km zona 4 (ritmo alto) pero como es el día de la madre aquí en México decidí cambiarlo y correr hoy. Había comido tarde y como sabía que iba a correr no considere 30g de carbohidratos de la comida justo para que la glucosa no estuviera tan "normal" y pudiera correr. Dos horas cuarenta y cinco minutos después de comer estaba lista para correr, glucosa 223mg/dl, no la mejor así que decidí no suspender la microinfusora y para no cargar el jugo mejor lo deje en el coche. Km 4, sentí como mi ritmo de carrera disminuía, no creí que la glucosa estuviera mal pero igual apague la bomba, ya me checaría en el siguiente kilómetro. Km 5, glucosa: 64 mg/dl ¡¡¿qué?!!, ¡¡pero si andaba lo suficientemente alta para aguantar al menos los 7km!!. Cuando son distancias largas suelo correr en un parque alrededor de una presa, son 7km la vuelta, me gusta porque si te llegas a cansar a la mitad no te queda de otra que acabarlo, lo malo, no puedes tomar una salida de emergencia si tienes hipoglucemia, así que, me quedaban 2km. Decisiones, no dulce cerca, no glucosa en sangre suficiente,  estaba oscureciendo, ¿camino, corro?. Sí camino tardare más en llegar al coche por el jugo, si corro será devorarme la poca glucosa, así que camine-trote, llegue al coche, glucosa: 52 mg/dl, supongo que no bajó más por la ansiedad que me dio, realmente me asuste, tanto que estuve en contacto con mi marido informándole como me sentía y donde estaba mientras llegue al coche y me tome el jugo. Igual quería seguir corriendo así que regrese por los otros 9km que me faltaban. Comencé a correr y no habían pasado ni 200 mts cuando vi la microinfusora, quite el suspendido y vi la última información: insulina activa 0.6 unidades, me detuve, no tenia casó seguir corriendo. Si mi glucosa era 52mg/dl y me había tomado 28g de carbs que equivale aproximadamente a subir la glucosa hasta 145mg/dl peeeero, le descontamos el efecto de la insulina que aún sigue activa en mi cuerpo 0.6 unidades =-30mg/dl me queda una glucosa de 115mg/dl sin considerar el efecto del ejercicio, con esa glucosa no llego ni a la mitad del parque de nuevo, ya era noche y decidí no arriesgar. Frustrada, enojada pero tranquila con la decisión de detener el entreno y alegre porque entendí que lo que me provocaba las hipoglucemias esta semana era no haber considerado la insulina activa (según el tipo de insulina es la duración y tipo del acción que tiene, en el caso de la microinfusora uso insulina lispro, que tiene una acción inmediata y su efecto dura aproximadamente de 2 a 4 horas). 

En fin, resulta que al correr en las mañanas no tengo insulina activa así que no la había considerado y para evitar las hipoglucemias sólo tenía que hacer ajustes de la microinfusora suspendiéndola y administrando carbohidratos necesarios. Sí entreno en la tarde debo considerar la insulina activa, así que las cifras con las que me manejaba para correr en la mañana no son suficientes y tengo que "compensar" con una carga de glucosa más para evitar la hipoglucemia.


Lecciones aprendidas: número uno, considerar insulina activa. Número dos, cambiar fuente de glucosa como los jugos a otro de más fácil transporte como los cubitos de azúcar aunque parezca caballo.

jueves, 8 de mayo de 2014

Crónica de un medio maratón anunciado…

El último fin de semana de abril fue mi regreso (para mi triunfal, aunque no en mis tiempos) a las carreras largas, hice mi primer segundo medio maratón después de dos años de haber prácticamente abandonado el mundo de las carreras.

Le había preguntado a mi entrenador si podía correrlo, me sugirió que lo llevara con calma a ver como me iba sintiendo en los entrenamientos, una semana y media antes de la carrera vi que tenía que correr 16km, mi oportunidad para saber si los correría o no. Aunque cansada disfrute de esos 16km especialmente por las glucosas, logre mantenerlas en un máximo de 140 mg/dl y un mínimo de 78 mg/dl, así que, nerviosa y todo, decidí correr el medio maratón, la verdad ya me había inscrito desde antes porque sabía que se agotarían los números y no quería quedarme con el “hubiera”.
Un día antes de la carrera me hidrate bien (raro en mi tomar agua por gusto, generalmente lo asocio con una hiperglucemia aunque no sea así, entonces tomo agua porque tengo que tomarla), comí algo de carbohidratos y vigile el conteo de estos (no quería que un mal conteo me llevara a una hipoglucemia o una hiperglucemia en la noche que me impidiera correr al día siguiente), me fui a la cama lo más temprano posible, tratando de dormir porque el nervio no me dejaba: “y si no término” le decía a mi marido, “y si traigo al tránsito y la ambulancia atrás de mi por lo lenta”. Él me daba ánimos pero el nervio, ese nervio del corredor antes de cada carrera sin importar cuantas hayas corrido antes siempre esta presente.
Después de una noche con algo de llovizna a las 6:40 de la mañana del domingo 27 de abril sonó el despertador. Contrario a otros días no necesito esperar la segunda alarma, me levanto y comienza la rutina pre-carrera, checo glucosa: 87mg/dl, perfecto pero no para un día de carrera, me tomo un yakult (15g de carbs) con lo que esperaría una subida de glucosa a 137mg/dl, me doy un baño para despertar, short, playera del equipo (ya les platicare de ellos), calcetines si que quede una molestia o algo incómodo, tenis, reloj, monitor cardíaco (checo que si este recibiendo la señal), cangurera con glucometro, tiras, geles de glucosa, iPhone y audífonos, y me llevo un jugo, por sí las dudas… ¡¡estamos listos!!
Llegamos al área de salida, no veo a mi equipo pero me pongo a calentar, uno que otro conocidos, entre ellos mi hermano, comienzan a llamarnos al “corral”, me checo la glucosa, 114mg/dl, no suficiente para la carrera, suspendo la microinfusora y me tomo un jugo de uva (tal como lo hacía en los entrenamientos), mi marido y mi hijo juntó con mucha gente a un lado apoyandonos a todos los que corremos. 7:50 am, himno nacional, protocolo… listos… ¡fuera!!
Nervios nerviosos, 8:00 am salgo, no a velocidad alta, mantengo en la cabeza que voy por 21km y si exprimo la energía me quedare sin nada, es difícil porque el ritmo de los demás te jala, 4:58 min por km, ¡bajale, mantente! Me dije, mi ritmo para los 21km iría de 6:22 a 7:00 min por km. El cielo claro, sin una nube, mientras, la humedad de la lluvia del día anterior comienza a hacer estragos, yo que casi no sudo me sentía empapada y apenas iba en el km 5, tiempo de checar la glucosa: 189mg/dl, ¡nada mal, continuemos!, buen ritmo cardíaco, anímicamente bien (los primeros kilómetros para mi son los pesados, tengo que estar mentalizandome que puedo hacerlo, por qué o quiénes lo hago, pensar que mi familia está en la meta y no pensar en los kilómetros que faltan).
Km 7, el punto de no retorno, ahí el camino con los corredores de 10km se separa, momento de analizar como me siento y si decido correr los 21 o quedarme con los 10… seguimos a los 21, no me duele nada, la glucosa bien y el reproche que me daría por quedarme sólo en 10 sería peor que correr hasta los 21km.
Km 8, glucosa 220 mg/dl, “¿qué pasa?” Comienzo a repasar todo y entiendo que la adrenalina liberada por la emoción de la carrera pudiera afectar mis niveles, vuelvo a activar la microinfusora y me doy 0.7 unidades de insulina para bajar los niveles a 185 mg/dl. Ventaja del correr: tu mente esta “libre” para hacer esos cálculos sin afectar la carrera.
Km 9, corría por zona conocida, por donde vivo, veo vecinos apoyando a corredores, los saludo y comienzo a buscar, sabía que mi papá estaría ahí con un jugo en la mano por sí las hipoglucemias, veo su sonrisa y me llena de energía ¡claro que lo terminaré!, me toma foto y le digo gracias pero no gracias al jugo y continuo más motivada porque se lo que a mis papás les implica que yo haga estos pequeños logros, sobretodo a mi papá que fue el que me impulso a esto de la corrida.
Km 14, 9:30 am aproximadamente, el calor y la humedad es insoportable, sin embargo me veo sonriendo, mi niño corrió la carrera infantil de 1 km y mi esposo me mando mensajes de ánimo y una foto del chaparro con su medalla, corriendo por la avenida principal de la ciudad saco mi lanzadora y me pincho el dedo, por la misma circulación sanguínea sale un chorro (literal), la gente en la calle y los otros corredores me ven, espero ansiosa que me pregunten que hago para poder presumir que tengo diabetes y si, estoy corriendo el medio maratón, porque puedo. Glucosa 187mg/dl, ¡yeiii, soy buena en eso de los cálculos!, me siento orgullosa de mi y sigo corriendo.
Km 15 tome un poco de gatorade (como lo dan en bolsitas no se cuántos carbos tome, así que al tanteometro) y agua, no sólo para tomar sino para poner en las piernas para refrescar y relajar ese dolorcito que me había comenzado en la rodilla derecha.
Km 18, me juntó con una señora y Enrique (no lo conocía y nos presentamos hasta la meta con todo y foto, era su primer medio maratón), ahí nos íbamos echando porras, en esos momentos todos estamos en la misma condición , si uno se iba rezagando le decíamos: ¡anda, anda, ya estamos, ya llegamos". Glucosa 178 mg/dl, no tan mal el tanteometro, aunque ya sabía que después del km 12 la glucosa se estabiliza y ya no hay tantas hipoglucemias, sólo es cuestión de mantenerla en orden. Debido a que mi lanzadora salió volando al checarme llego la tan ansiada pregunta: ¿qué es eso?. Feliz y orgullosa respondí: tengo diabetes y necesito checar como va mi azúcar en la carrera ante lo cual vinieron más preguntas, las cuales, entre respiro y respiro conteste. Mi ritmo de carrera no era el mejor pero ya estaba cerca de llegar, ahora si podía apretar más el paso aunque el dolor de la rodilla continuaba.
Km 20, ¡ya estaba, lo había logrado! Veo a mi mamá, yo más que feliz y ella con lágrimas en los ojos al verme con mi sonrisa: “¿quién dijo que con la diabetes no se podía?” le dije, la bese, abrace y continúe. Mi papá corriendo unos metros a mi lado me dijo “ya, ya lo hiciste”.
No se puede explicar el sentimiento de esos últimos metros, sabiendo que estaba la gente que amo en la meta, que había estado ahí por esas dos horas con veintitrés minutos, esa visualización de llegar a la meta ya era una realidad, y con una buena glucosa que es lo importante para mi.
Km 21 y tantito… Veo salir a mi niño y a mi sobrina para acompañarme en los últimos metros y pasar triunfantes por la línea de meta, después de todo, también es su carrera. Cruzo la meta, a la derecha esta parte del equipo echando porras, me dan mi medalla y veo al fondo mi mayor recompensa, mi familia. A diferencia del otro medio maratón en este no hubo calambres, cansancio extremo, hipoglucemias o hiperglucemias, lo cual habla de un buen entrenamiento, controles y que el trabajo realizado durante estos dos meses fue fructífero. No me cheque la glucosa al finalizar sino hasta antes de desayunar: 165 mg/dl. ¡Misión cumplida!
Una vez más se ha ganado una batalla a la diabetes, una de las tantas que nos faltan, pero sobretodo una vez más se demostró que la diabetes no controla ni te dice lo que debes o no hacer, no manda sobre lo que puedes o no puedes. Es uno el que controla la diabetes y le dice hasta donde quieres llegar, por ahora llegamos a los 21km… pero este es sólo el inicio.

viernes, 25 de abril de 2014

Ahí si me disculpan, yo NO soy diabética... yo TENGO diabetes.

Hace unos días leí en un blog sobre el efecto de la palabra "diabético" en las personas con diabetes. En mi experiencia al inicio me daba peña decirle a mis amigos, sólo muy pocos lo sabían. ¿Por qué lo ocultaba? Porque a pesar de que yo no me sentía diferente conocía el concepto que se tiene del "diabético": persona enferma, se va a morir, tiene complicaciones, final inevitable, "pobre gente" y un largo e interminable etcéteras que provienen solamente de la ignorancia, la cual se incrementa con falsos "médicos" que "curan", comerciales de televisión donde no se le puede abrazar al "diabético" porque le duele. Todo eso me hacia ocultar mi enfermedad para evitar lo que parecía inminente: el rechazo.

Fueron años de trabajo, auto conocimiento y conocimiento de la enfermedad lo que me ayudo no sólo a dar la cara y decir "tengo diabetes" sino a trabajar en quitar esa venda de los ojos sobre la diabetes a todos los que se dejen. Quitar esa venda que dificulta enormemente que las personas con diabetes lleven un control adecuado. Especialmente porque si no se acepta la enfermedad no se puede trabajar con ella, a qué me refiero, bueno, siempre uso esta analogía: supongamos que la diferencia entre tener diabetes y ser diabético es como tener un coche y ser un coche. Sí uno TIENE un coche y el coche anda fallando pues lo lleva al técnico (doctor), lo arregla, lo cuida, lo lava, le pone la mejor gasolina que pueda y que quede con el coche (no va a ponerle diésel a un coche que requiere gasolina premium) en fin, sabe lo valioso que es el coche y lo cuida para conservarlo lo más posible. Sí uno en cambio ES un coche, pues va a depender de lo que el dueño decida (en este caso el dueño termina siendo la diabetes porque se lo permitimos) así que dejamos que se ponga mal, no hacemos chequeos porque, siendo honestos, somos un coche, no tenemos decisión propia sino lo que nuestro "dueño" quiere hacer de nosotros, pero como nuestro dueño es solamente una enfermedad no hay control, no hay guía y tarde o temprano o terminamos desvielandonos o cayendo a un barranco. 

En lo personal me molesta y desata mi "furia Samurai" cuando me dicen: "ahhhh eres diabética". ¡Grrrr y más grrrr! "No, no lo soy", les respondo, "tengo diabetes que es diferente" y ¿por qué es diferente? Porque para mi, la diabetes es una condición en la que debo ajustar cosas (que seamos sinceros, muchos con o sin diabetes deberían hacer algunas) como ejercicio, alimentación y medicamento. La verdad es que ya ni lo siento diferente, en casa comemos bien porque nos gusta comer bien, no porque TENGAMOS que comer bien, nos gusta hacer ejercicio porque somos adictos a las endorfinas que liberamos y nos hace feliz, no porque TENGAMOS que hacer ejercicio. Tomamos o inyectamos las medicinas porque... Ahí si porque TENEMOS que hacerlo, pero lo hacemos porque sabemos que nos ayudan a estar controlados y eso nos hace estar bien.  

¿Por qué digo que en casa hacemos y tenemos? Podría pensarse que en dónde hay una persona con diabetes lo ideal es que toda la familia se una, cambien hábitos y eso es cierto. En mi caso, además de lo anterior es que, excepto nuestro hijo, mi marido y yo tenemos diabetes. Él tiene diabetes tipo 2 de diagnóstico temprano y a diferencia mía, después de su diagnóstico y antes de conocernos, si le ofrecían algo con azúcar decía (y dice) "no puedo, tengo diabetes" pero con un orgullo que ya quisiéramos muchos con diabetes, pero ¿qué hace que lo diga de esa forma? Lo hace porque sabe que cualquiera que lo viera no le creería que tiene diabetes, es más, creo que no se ha visto físicamente tan sano como ahora. Para mi es un ejemplo porque todos los días, así llegue cansado del trabajo, haya sido un buen día o malo, se va al gimnasio y hace sus rutinas de pesas, nadie lo tiene que convencer (a mi en cambio muchas veces es él el que me empuja a ir a entrenar). En mi casa vivimos con diabetes pero NO somos diabéticos, incluso podemos divertirnos con la diabetes dejando claro en cines lo potencialmente dulces que somos al asegurarnos que nos den refresco light y no regular o en el súper leyendo las etiquetas de los productos y rechazando lo que nos ofrecen diciendo "uhhhh ya viste la cantidad de carbohidratos que tiene y de esos ¡¡ x tantos azúcares!!"

Yo no soy diabética, nunca lo he sido y nunca lo seré. Yo no se sí moriré por la diabetes o porque un día me caiga un meteorito, pero lo que SI se es que no voy a ser diabética y espero convencer a más gente de que no lo sean. Yo se que seré una persona CON diabetes, al menos hasta que descubran una cura (aún parece lejano), pero una persona con diabetes como cualquier otra que no la tiene y haciendo cosas que incluso gente "sana" (aunque si me preguntan yo no me consideró enferma a menos que me de gripa o algo así) no haría, como correr un maratón.


Y retomando los controles, este domingo corro 21km en una carrera de la ciudad yeiiii y miedo!!! Me preguntaron la otra vez: "¿y cuanto tiempo vas a hacer?" La verdad no se, no me interesa (mientras no me vayan pisando los talones el tránsito y la ambulancia), me interesa llegar bien, completa, con un aprendizaje de mis glucosas en tal distancia, sin hipoglucemias, sin hiperglucemias. En fin, me interesa que sea un buen día para correr, porque hay días buenos y días malos, hoy fue un día bueno para entrenar: glucosa preentrenamiento 81 mg/dl + 1 jugo jumex sabor guayaba (no, no los promociono ni recomiendo, pero me han funcionado) com 22 g de carbohidratos (azúcares viles) + 7km = 93 mg/dl " Ü "

viernes, 18 de abril de 2014

El reto son 100 días...

Este post no tiene nada que ver con diabetes o con correr, o quizá tiene todo que ver con ello, porque al final, el vivir con diabetes tiene mucho que ver con la actitud con la que se toma el tener esta condición, mientras que el correr tiene mucho que ver con disciplina y hacer una y otra vez ciertas rutinas que te van fortaleciendo no sólo el cuerpo sino la mente. 

Hace un tiempo surgió un "movimiento" (por llamarlo así) llamado #100happydays, comencé a checar y se me hizo interesante la idea, aunque nunca me metí al grupo si comencé a poner en práctica algo de su "teoría".

La idea es que, siendo realistas, pocas veces se realza algo bueno. La mayor parte del tiempo tenemos las antenas listas para ver sólo lo malo y así es como se convierten nuestros días, sólo viendo lo malo, hasta que se vuelve algo tan cotidiano que ni siquiera nos damos cuenta. ¿Qué pasa si, al contrario de nuestra cotidianidad negativa, vemos lo positivo, aunque sea una cosa y lo realzamos y le tomamos foto o lo mencionamos (así como mencionamos la queja del tráfico, del jefe, del vecino, etc)? ¿Qué pasa sí reconocemos aunque sea una sola cosa que nos haya sacado una sonrisa en el día? Hay días en que aparentemente no pasa nada increíble o sorprendente, pero de repente volteamos al cielo y observamos que tiene un azul que nos tranquiliza y es entonces que una sonrisa aparece en nuestro rostro. O vemos a nuestro marido al lado y nos cae el veinte de que estamos perdidamente enamoradas por el simple hecho de ser ellos y eso nos hace feliz. O nos damos cuenta de la forma en que ha crecido nuestro hijo y observar que es un niño increíble, que es tu mayor logro en la vida y entonces, entonces sonríes. ¿Cómo es que no nos damos cuenta de ello todos los días?

Alguna vez me dijeron: "Si, pero hay gente, algunas veces la gente que más queremos o con quien convivimos todos los días los que nos resaltan lo malo. Es difícil ver lo bueno si cuando algo que te parecía increíble a tu otro referente se le hace una tontería". Pues fácil, sólo es malo si tu te dejas que sea malo, todo es cuestión de percepción. Lo importante es que a ti te haga feliz, que a ti te saqué una sonrisa. Ten la seguridad que si tu otro referente ve lo feliz que eres, eso lo hará feliz y quizá, aunque no lo divulgue, quizá estará "parando antenas" a algo que le haga feliz, quizá el verte feliz le haga su día y si no, tampoco es tu problema ni debería ser algo que te impida ver lo bueno de tu día.

Hay que ser necios a veces. Algo que me hace muy feliz es abrazar a mis papás al menos una vez al día. Por ahí leí que sí abrazas por 20 segundos a alguien el abrazo puede volverse terapéutico. Un día decidí probarlo con mi mamá, me sorprendió que 20 segundos descubrir haciendo algo que no acostumbras pueden sentirse como un minuto, pero eso pasa. Al inicio mi mamá se quedaba estática, ahora aunque a veces por el trabajo pareciera que no tiene tiempo para un abrazo, se que lo disfruta. Estoy tan agradecida por tener esta oportunidad porque se que son los 20 segundos más enriquecedores y terapéuticos de mi día. Mi papá es un poco más renuente pero también se que le gusta cuando lo logro pescar esos 20 segundos.

Dicen que el que busca, encuentra. ¿Qué tal buscar sólo lo bueno? Porque lo malo de seguro llegara, por aquello del equilibrio, pero les aseguró que no tendrá el mismo efecto cuando uno se enfoca en lo bueno que en lo malo.


El reto son 100 días, voy en el día 36 y creo que eso ha permeado incluso en mi familia, trabajo, amigos. La felicidad definitivamente se contagia. 

domingo, 13 de abril de 2014

No todo es miel sobre hojuelas.

Generalmente cuando la gente lee los blogs parecería que todo es fácil. Si es uno de cocina, las imágenes resultantes de las recetas elaboradas de forma sencilla son espectaculares, sin embargo, uno al realizarlas, ve otro resultado totalmente diferente y no en un buen sentido.

Lo mismo podemos ver en blogs sobre diabetes, todo parece sencillo: cifras de glucosa ideales, nos platican (ahora me les uno a los blogueros: les platicamos) sobre lo fácil que es el conteo de carbohidratos, las microinfusoras de insulina, sensores, glucometros, jeringas, etc., pero no, la realidad, nuestra realidad, no dista de lo que vive cualquier persona con diabetes, simplemente nosotros creemos (porque lo vivimos) que no se puede ver todo con un solo lente, elegimos ver con un lente que nos deje ver más allá de lo que una enfermedad crónica trae consigo y emplear esos baches que conlleva tener diabetes como sesiones intensivas de aprendizaje. Al convertirlo en aprendizaje, se transforma en algo bueno, se los platicamos y en realidad ya no se ve como algo taaaan malo.

Les platico, he estado entrenando, como me lo indica mi entrenador (que también es doctor), levantandome temprano, ajustando tiempos para las carreras largas, etc. Sin embargo la semana pasada no pude hacer nada y cuando digo nada es: NADA. No me pare ni un día en la pista. Al inicio se lo achaque al cambio de horario, pffff era como sí me levantara a las cuatro de la mañana (se que en teoría es lo mismo, si me duermo a las diez de la noche y me levanto a las cinco en el nuevo horario en realidad duermo lo mismo, pero en la practica sabemos que no es igual). Me sentía cansada, mis cifras de glucosa lunes y martes relativamente bien, ligeramente más altas de lo que acostumbro pero aún en rangos normales, nada que preocuparse, el miércoles comenzó a subir la glucosa, primera señal de alarma de que algo en mi cuerpo no estaba bien, pero yo me sentía bien... hasta la tarde, el jueves tenía fiebre y malestar estomacal entre otras cosas que no quiero mencionar. Como buena mexicana y haciendo las cosas mal me dije: me "ha de haber echo daño algo que comí", me tome la clásica pastilla para el dolor de estómago y listo, pero no estaba listo. El dolor, aunque más leve, seguía, la fiebre continuaba. El viernes lo sobrelleve pero el sábado al ver que no podía (ni quería) correr le llame a mi gastroenterólogo, le comente mi situación y me dijo que fuera al hospital donde tiene su consultorio a que me hicieran unos estudios. Al revisarme me dijo, "mira, no te voy a dar antibiótico hasta ver los resultados "(me encanto, porque hay médicos que sin saber te dan antibióticos y quizá lo que tienes no se trata con antibióticos y ahí vas por la vida cargada de ellos y haciendo resistencia a los mismos para que no sirvan cuando si los necesitas), me hizo toda serie de estudios de los cuales aún no tengo el resultado pero si una conclusión: no debo comer en la calle, aún si los elotes con queso son mi debilidad y el lugar parezca limpio, con el calor y el viento en la noche los bichos pululan y una de esas puede caer en mi comida. ¿Algo diferente de mi a otra persona sin diabetes? No, la diferencia es que a mi, con diabetes, me generó un ligero descontrol y no sólo de un día, sino de varios que me impidió continuar con mis entrenamientos y me género estrés innecesario, porque el tiempo corre, el maratón se acerca y yo me doy el lujo de vacacionar de mis entrenos por estar enferma.

Con todo esto les quiero decir que sí, una enfermedad ya sea gripa, estómago o algo es horrible para cualquier persona, pero para una persona con diabetes es, quizá, no digo peor, pero si requiere más cuidados, porque la glucosa se eleva y si no se controla puede alargar el ciclo natural de una sencilla enfermedad y descontrolar más la glucosa y así, un círculo vicioso. Lado positivo de la diabetes y enfermedad: si has llevado un control de tus glucosas, alimentos y conoces tu cuerpo, podrías anticipar que traes algún bicho dentro de ti aún sin tener el primer estornudo, tan sólo con observar tus curvas de glucosa (ojo, no digo que así sea siempre y para todo) y entonces comenzar a tomar acciones, en el caso de la microinfusora de insulina puedes tener un basal alterno para días de enfermedad y es maravilloso porque te olvidas del tanteo y te puedes ocupar sólo de la enfermedad sin preocuparte tanto de la diabetes.

En fin, mi conclusión es que con diabetes o sin diabetes las enfermedades son una lata, te cortan el ritmo de vida que traes pero siempre es una llamada de atención que tu cuerpo te da si algo no estas haciendo bien para cuidarlo (después de todo, el hace tanto por ti)  y tienes dos opciones: o lo escuchas y tomas acciones o tu cuerpo te hará escucharlo. Todo, tanto bueno como malo es un aprendizaje, sólo es cuestión de levantar antenas, detectarlo y decidir tomarlo como lo que es, cosas de la vida que pasan y van a seguir pasando, puedes elegir tomarlo de la mejor manera, aprender y seguir adelante o hundirte en ello, seguir mal y terminar peor y sin aprender lección. ¿Tu que eliges?

lunes, 31 de marzo de 2014

It's all about the sugar…

Alguna vez has corrido la misma distancia un día genial y otro día peor? Es realmente fastidioso cuando eso pasa pero lo importante más que quejarse es conocer que hay muchos factores que influyen: el calor, el frío, lluvia, la alimentación, la hidratación, etc.
De qué depende que una carrera sea buena o mala?, que tengas el rendimiento que deseas y por el que has entrenado o no? en una persona con diabetes todo se resume además de todo lo arriba mencionado en: los niveles de azúcar antes, durante y después de la carrera o entrenamiento.
Las cifras ideales para un paciente con diabetes es de 80-110, estas varían después de las comidas y se ajusta el medicamento según los objetivos planteados por los médicos. Para lograr este control es necesario conocer el tipo de medicina que te están indicando, su efecto, su duración, su aplicación, etc. En mi casó la tengo fácil, uso microinfusora de insulina (también llamada “bomba de insulina” pero después del 11S tuvimos que ser cuidadosos con esos términos especialmente en aeropuertos, oficinas de gobierno, al sacar la visa, etc.).
Anteriormente usaba un esquema de insulina bastante cerrado, con el cual tenía que desayunar, comer, cenar la misma cantidad de carbohidratos, a la misma hora, hacer la misma cantidad de ejercicio para que el ajuste de la medicina fuera el más adecuado, pero aún con todo ese trabajo un poco de ejercicio de más o un antojo (y no necesariamente azucaroso) y la glucosa se descontrolaba.
Desde hace unos años uso la microinfusora de Medtronic, la cual es una maravilla, porque a pesar de que la base es un adecuado conteo de carbohidratos antes de cada comida ( o cada cosa que coma que los contenga) y checarme el azúcar al menos antes de cada alimento, me da la libertad de comer más si quiero más o menos si de plano ya no puedo o no tengo hambre, también en lo que respecta al horario, es más amable, porque ya no tienen que ser horas fijas. Es, digamoslo así, lo más parecido hasta ahora al funcionamiento de un páncreas, en el que uno tiene que hacer todos los cálculos que hace el páncreas y aceptemoslo, el páncreas es más inteligente que nosotros en cuanto a relación insulina/carbohidrato, sensibilidad a la insulina, pero nos acercamos.
Entre las maravillas de usar la microinfusora se encuentra el sensor de glucosa, el cual me da lecturas de glucosa cada 5 minutos así como tendencias y predicciones, lo cual me ayuda a evitar hipoglucemias mientras corro, debido al costo actualmente empleó el glucometro checandome al iniciar el entreno, cada 5 km o si me siento “rara” (ahora lo explico) así como al final, pero dejaré la opción del monitoreo continuo de glucosa para los entrenamientos más intensos y para el maratón.
Para retomar el título del blog, una mala o buena carrera depende de la glucosa, así que uno se debe volver experto en sí mismo, conocer cómo reaccionaría el cuerpo y en eso estoy, conociéndome y adaptandome.
Les voy a contar dos experiencias:
El entrenamiento del sábado pasado fue genial, glucosa pre entrenamiento a las 7:30 am de 93 mg/dl, aún así apago la microinfusora y me tomó un jugo jumex azucaroso con 23 g de carbohidratos de absorción rapidísima, me dispuse a correr y vi como mis tiempos,iban bastante bien y mi ritmo cardíaco se mantenía en 170-175 ppm, hice de los mejores tiempos y aunque me tocaban 5 series de 1 km en zona 4 de ritmo cardíaco y 1 km de calentamiento me chute 6 series, porque me sentía genial!!, glucosa al finalizar 93mg/dl… me sentí toda una master en esto de la carrera y la diabetes.
El día de hoy me tocaba correr 10 km en zona 2 es decir, abajo de 150 ppm (mi entrenador, el Doc. como le decimos me había comentado que arriba de 150 ppm mi cuerpo era un devorador de glucosa ante lo cual hoy según yo, había tomado mis precauciones). 4:30 de la tarde, glucosa al iniciar110mg/dl, todo bien pero igual me tome mis 23 d de carbs de mi jugo, deje otro en el coche por sí lo necesitaba al acabar y apague la microinfusora, me funciono la otra vez, esperaba, si no los mismos resultados, si muy semejantes. Comencé a correr, no pude mantener el ritmo cardíaco que me indicaron, me ganaron las ansias de correr como el sábado e iba a 170 ppm. Al kilómetro 4.5 comencé a sentir como si me detuvieran, checo la glucosa (todo un show el monitoreo mientras se corre, del cual espero especializarme) 95mg/dl, ¡¡claro que no voy a terminar la carrera con esa glucosa!!, parada técnica: tomar 2/3 del segundo jugo y a seguir corriendo, algo no andaba bien, me sentía rara, pesada, lenta y aunque bajé velocidad no se veía reflejado en el pulso, estaba manteniendo 178 ppm y de inmediato lo relacione: ¡las hipoglucemias aceleran el pulso!. Así que en el kilómetro 7.5 vuelvo a checarme: 55mg/dl, ¡¡lo sabía!! Parada técnica número dos: sólo quedaba 1/3 del jugo, a tomarlo y como soy bien necia termine los 10 km que me tocaban, la glucosa ya iba mejorando, el pulso disminuyo un poco 165ppm y mi glucosa ya estaba en 90 y justo cuando ya me sentía encarrerada se me acabaron los kilómetros, obviamente el tiempo que hice por kilómetro no fue el mejor y no se acerco al que había realizado el sábado pasado pero me dio oportunidad de hacer cuatro notas mentales:
  1. Considerar el calor como un agente que acelera el uso de la glucosa, así que si el sábado corrí tempranito y medio fresco y hoy se me ocurrió correr en el pleno caloron de la tarde, los resultados no iban a ser iguales.
  2. Considerar insulina activa, por poco que sea tiene efecto en la carrera. Mi error: no observar en la microinfusora que tenía 0.4 UI activa de la dosis de la comida.
  3. Aunque parezca el Pipila, no dejar el jugo en el coche para no tener que desviarme por el, quizá no lo utilice, pero más vale prevenir.
  4. Apagar la microinfusora media hora antes de iniciar a correr tal como sugirió el Doc, para así evitar el flujo de insulina y dejar queda ejercicio haga su trabajo sobre la glucosa.
Como se verá, aunque la primera carrera fue increíble, no me dio tanta información como la segunda y aquí en la corredera ese es el chiste, saber qué se puede hacer mal para tomar acciones y evitarlo en un futuro y más aún en un maratón y hacer de este una experiencia increíble.

martes, 18 de marzo de 2014

Caras vemos...

Buenos días por la mañana y aprovechando el día de descanso de ayer les voy a contar la parte de mi historial médico y el por qué el maratón no es cualquier cosa para mi, con esto y con la entrada anterior de mi herencia por correr se irá tomando más sentido a la intencionalidad de este blog.
En general he sido una persona sana, pero cuando mi cuerpo decide enfermarse no se va con medias tintas. A mis 9 años mi papá paso por mi a la escuela como cualquier otro día, aunque esta vez yo estaba morada (y no precisamente de envidia) inmediatamente me llevaron al hospital, yo realmente no me sentía mal pero por la cara de mis papás y las reacciones médicas supe que no andaba nada bien, diagnóstico: crisis asmática con un montonal de alergias; recomendaciones: vacunas, evitar polvo, peluches y sobretodo evitar ejercicio extenuante, algo así como…correr.
Después de seguir tratamientos comencé a hacer ejercicio, me sentía bien, así que entré a basquetbol, atletismo y kickball; todo fluía bien. Cuando tenía 16 años me fui a hacer uno de esos famosos “intercambios educativos” a los “United” me tocó en un pueblito llamado Marianna, Florida. Unos meses después de mi llegada comencé a tener unos síntomas raros, yo que soy malísima para tomar agua me veía bebiéndome incluso unos 5 litros de agua diarios con la consecuente y odiosa ida al baño, sueño, muuuucho sueño y de pesar mis 47 kilos habituales comencé a adelgazar llegando a 39 kilos.
Por situaciones del destino y diría yo muy afortunadas cambie de familia anfitriona con unos ángeles llamados Jorge y Martha y digo afortunadas porque justo un día después de “Thanksgiving” comencé a sentirme rara, comencé a temblar y me llevaron al hospital, sólo recuerdo haber llegado a la sala de urgencias y despertar justo cuando mi mamá iba entrando al cuarto del hospital un día después (llegar a ese pueblito requería varios transbordos incluyendo un avión de esos guajolotero y más de una hora de carretera). Dicen que me hicieron una cantidad enorme de estudios y justo antes de que me hicieran una punción lumbar salió un resultado que cambiaría mi vida y la de mi familia radicalmente: glucosa en sangre 1150 mg/dl (el rango normal es 80-110 mg/dl), diagnóstico: coma diabético y diabetes mellitus tipo 1. Lograron estabilizarme, enseñarme ligeramente como sería mi nueva vida incluyendo una gran cantidad de NOs que según ellos yo tenía que seguir si quería estar bien: NO cereales, NO azúcar, NO mucha fruta, NO pizzas, NO hijos, NO vida, etc., por fortuna tengo una familia de SÍ y con ellos comenzamos a trabajar en equipo, como les había platicado mi papá con el ejercicio, mi mamá con la alimentación (la cual de por sí era sana solo ajustamos un poco más) y mi hermano en lo social, se juntó con mis amigos y me ayudo a no aislarme ni sentirme diferente.
Gracias a la diabetes elegí una carrera hermosa, la nutrición y decidí que sí tenía un “problema” lo atacaría mejor mientras supiera más de el, así que me especialice en todo lo relacionado con la diabetes siendo ahora para mi más que una profesión un hobbie que disfruto compartiendo lo poco que se con mis pacientes con la ventaja de decirles: ¡si, se como es eso, se como te sientes!.
Yo decía que pues mi cuota de enfermedades ya la había cubierto pero nooooo, aún me faltaba. Justo estaba por terminar la carrera, estaba haciendo mi tesis, trabajo de campo en un hospital, trabajo voluntario en la Asociación de Diabetes y cubriendo las materias para titularme por excelencia cuando comencé a sentirme cansadisima, mi glucosa estaba bien así que no era un desajuste de la glucosa, mi mamá entonces me sugirió vitaminas pero nada ayudaba, me sentía como si hubiera corrido un maratón (en realidad no se cómo se siente pero pronto espero saberlo), al subir las escaleras lo tenía que hacer tomándome del barandal, la sensación del contacto del agua con mis manos era semejante a meterlas en agua hirviendo y tenía un hormigueo constante.
Una noche mis papás invitaron a un amigo doctor a cenar y le contaron mi situación, el sólo dijo, mañana llévalo con un neurólogo en el hospital y ahí nos vemos, yo no quería ir porque tenía que trabajar (a veces soy medio obsesiva con eso) pero a la mañana siguiente cuando quería ponerme el pantalón ya no podía agacharme y al intentar bajar las escaleras mis piernas no respondieron, mis papás me ayudaron a vestirme y salimos volando al hospital.
Después de otra serie de estudios (desde los de sangre hasta los de clavarme tipo alfileres para ver la conducción eléctrica de mis nervios) los médicos concluyeron que era neuropatia diabética con lo que mi endocrinólogo no estuvo de acuerdo pues mis niveles de glucosa se encontraban en rangos normales, buscamos segundas opiniones, y otro neurólogo le dio al clavo, diagnóstico: Síndrome de Guillain-Barré. Para no hacerlo más largo, este síndrome incluye la destrucción de la mielina, la capa que recubre los nervios (destrucción realizada por mi increíble e hiper efectivo sistema inmunológico que cuando ataca un virus se emociona y destruye no sólo los virus sino todo lo que encuentra en el camino, la diabetes y el asma también son ocasionados por este pequeño travieso que tengo dentro de mi), los nervios quedan como cables pelones, echando chispas, con lo cual los dolores son realmente insoportables al grado en que me recetaron morfina, la cual sólo me inyectaron unas pocas veces pues mi mamá tenía miedo que me causara adicción, de ahí a aguantarme con otra medicina menos efectiva pero que al menos me tenía consciente por unos días, el dolor cedió pero venía una de las pruebas más grandes para mi y mi familia: la parálisis. A un par de días que el dolor cedió perdí la movilidad completa de mis piernas y mis brazos. Mis manos no tenían fuerza ni para levantar un tenedor así que mis papás tenían una bebe de veintitrés años en casa a la que tenían que bañar, vestir, darle de comer, voltearla de un lado a otro para evitar que me salieran llagas y cuidar día y noche . El pronóstico era que estaría así al menos un año y con rehabilitación comenzaría a caminar al año y medio cosa realmente horrible para alguien como yo que gusta de andar de arriba para abajo.
Como les había dicho mi familia es una familia de SÍ pero en esa ocasión dijimos NO, no vamos a esperar así que buscamos rehabilitación y encontramos unos maravillosos doctores cubanos que me hicieron llorar y sufrir pero al cabo de seis meses estaba (con ayuda claro) caminando nuevamente. Reaprendi a escribir, a gatear, a dar mis primeros pasos y a valorar un par de pies que me llevan a donde yo quiero y una hermosa familia que está al pie del cañón con más amor del que uno pueda creer que existe.
Cualquiera pensaría que tengo mala suerte o que me ha ido mal, pero no, soy una afortunada porque además de tener una familia y amigos que me han respaldado a pesar de todo, las enfermedades que he tenido o tengo son tan benévolas porque me dan la oportunidad de que sí yo quiero y me cuido es como si no las tuviera (seamos realistas, hay cosas peores) y más aún, de cada enfermedad he aprendido, no sólo en el ámbito como profesional de salud sino como persona, me han ayudado a ser más humana, valorar cada momento, cada persona a mi lado y entender que a veces, caras vemos pero sufrimientos no sabemos…